Ayer que regresaba del trabajo comencé escuchando música de piano relajante. Quería manejar con calma, sin prisas y despreocupado. Es casi una hora del lugar de trabajo a casa y si no hablo por teléfono con mi hija, suelo escuchar música.

El piano no me convenció. Se me hizo aburrido, más que relajante. Entonces le pedí a Siri que tocara “Engel” de la banda alemana Rammstein. En mi lista de reproducción juvenil es un clásico.
En 1999 o 2000, compré el disco pirata “Live Aus Berlin” de Rammtein. No recuerdo con exactitud la fecha pero seguro fue a finales del 99 o principios del 2000, pues el disco salió a la venta en 1999.
En aquellos años no teníamos acceso al internet y estábamos transitando de la máquina de escribir a la computadora, pero solo en la escuela, porque en casa, apenas había para comer. Así que acceder a la música alternativa del momento era complicado. Sin embargo en el mercado del pueblo había un puesto de música pirata variada, aunque en su mayoría se había especializado en rock nacional y reggae en español. Los vendedores tenían finta de hippies. Una vez que regresaba del colegio de bachilleres descubrí el disco y pedí que me lo calaran. Sonaba muy bien y me encantó a la primera impresión. Sin pensarlo lo compré.
“Du Hast”, “Engel” y “Seemann” se convirtieron en mis favoritas de ese disco.
En el año 2000 mi hermano Jordan debió tener 7 años, era un niño y él también quedó encantado con el sonido alemán. Digo el sonido porque no entendíamos nada de aquellas letras.
Así que ayer durante mi camino a casa, todos esos recuerdos se me vinieron a ante los ojos.
Jordan solía quedarse dormido escuchando “Du Hast” y tratando de comprender siquiera algo de lo que cantaban. Nunca lo consiguió.
Repetí mínimo tres veces “Engel” y también recordé a una mujer bonita que vi en el colegio de bachilleres. Mientras yo estaba en segundo semestre, ella estaba por terminar la escuela, así que la miré pocas veces pero al igual que el disco, me gustó mucho. Nunca le hablé. Únicamente me limitaba a verla de lejos. Después de la escuela la vi un par de veces con personas que seguramente eran sus familiares y tiempo después la vi con quien supuse era su marido. No dejaba de gustarme pero yo era un niño.
También recordé a mis amigos de bachilleres, nuestras risas, nuestras bromas, lo bien que la pasábamos y lo felices que éramos sin darnos cuenta.
Deja un comentario