El miedo a la muerte es más común de lo que pensamos. Todo mundo en algún momento hemos sentido ese temor a morir pero lo hemos olvidado o, más bien ese temor lo hemos guardado en un rinconcito donde no hace ruido y no estorba. Pasamos cerca pero no lo volteamos a ver o, lo miramos de reojo. Y, como mexicanos podemos festejar a la muerte con la misma intensidad que festejamos a la vida porque en el fondo festejamos la muerte del otro y no la nuestra. 

¿Qué es la muerte? Ausencia física más que nada y después olvido. 

Hace un momento vi un pequeño video de una chica que recordaba a su abuela de una manera genial. La niña mostraba una necesidad y luego la solución que la abuela le daba. Al final del corto videoclip mostró la tumba de la señora que falleció hace unos tres años. No pude evitar sentir tristeza y el dolor que causa la ausencia. Ella fue la abuela materna de mi hija. 

Sé que sonará muy trillado pero la gente no muere mientras haya alguien con memoria. El olvido es la muerte verdadera. Y  la ausencia es dolorosa porque sabemos que no habrá regreso. 

Así pues, la muerte es tristeza, llanto, impotencia y pena pero únicamente para quien no muere.

 ¿Qué es la muerte para el que muere? Si la persona que murió estuvo postrado en una cama aquejado por una extraña enfermedad que le trajo dolor y sufrimiento, entonces la muerte será libertad y alivio. Pero si la muerte llegó repentinamente, por ejemplo, en un accidente vehicular, quizás la muerte sea una prisión, un calabozo horrendo a donde uno llega sin saber por qué. Pero esto no es una certeza, son suposiciones. 

¿Qué tan grande debe de ser la memoria para no dejar morir al ser querido? Nuestra memoria es débil y confusa. A veces no sabemos si apagamos la estufa o no, si cerramos la puerta o no. Así que el olvido tarde o temprano llegará y lo hará de la mano con la costumbre: sí, nos acostumbraremos a la ausencia física y el olvido hará lo suyo. 

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