Nunca había tenido una experiencia con un huracán hasta que llegó Irma, en septiembre del 2017. Yo trabajaba en Brooksville, Florida y habitaba solo un departamento que la compañía me había proveído en el mismo lugar de trabajo. 

Ryan Atwood, el dueño de la compañía me había invitado a pasar aquella noche en su casa pero me rehusé. Creía que la vivienda era segura y en dado caso de que los fuertes vientos pusieran en peligro el edificio, mi plan b era resguardarme en uno de los contenedores de tren que usábamos para almacén.  

Aunque el huracán pasó por encima de nosotros como un fenómeno de categoría 3, realmente no fue tan desastroso. El edificio resistió y estuve a salvo. En la finca no hubo inundaciones ni grandes daños. Únicamente nos quedamos sin electricidad por más de una semana; esos serían realmente los días más complicados. 

Después, en septiembre del 2022 Ian tocó tierra nuevamente en Florida. Fue un huracán muy destructor. Causó innumerables daños en toda la península. En casa estuvimos a salvo. Perdimos los vegetales del jardín pero nada que no se pudiera recuperar con paciencia y trabajo. 

Ahora, en octubre del 2024, Milton, otro potente huracán tocó tierra en este estado como categoría 3. Las comunidades del oeste de la península han sido las más afectadas, las familias han perdido sus autos, las viviendas, cultivos, etc. Afortunadamente nosotros que habitamos en el centro del estado, sólo hemos sufrido los daños mínimos y hemos estado sin electricidad ni agua potable un par de días. 

¿Qué han tenido en común estos tres huracanes? Los tres me han llamado poderosamente la atención y a los tres lo he monitoreado a como me ha sido posible. He seguido con interés las discusiones de los meteorólogos y los canales especializados en clima. También he visto con atención la manera como los medios han abordado ese tipo de noticias y he sabido distinguir lo que es amarillismo/alarmismo de lo que probablemente más se acerca a la verdad. 

En el 2017 Celestina dudaba si se quedaba en casa o se iba a buscar un refugio en el norte del estado. Con tiempo de anticipación estuvimos viendo la posible trayectoria y poder destructor de Irma y finalmente juntos tomamos la decisión de que ella, su hijo y otros familiares se marcharan hacia el norte. En Winter Haven el huracán fue catastrófico. Tomamos una buena decisión con información certera. 

Con Ian también discutimos si nos quedábamos o nos íbamos en busca de refugio. Permanecimos y afortunadamente en ningún momento nos expusimos al peligro. 

Milton me causaba un poco más de temor debido a la rapidez con la que se formó y alcanzó la categoría 5 pero, después perdió fuerza y regresó a categoría 4; y todas las proyecciones decían que al tocar tierra en Bradenton, una comunidad al oeste de la Florida, se degradaría a categoría 3. 

Aun así, la trayectoria me preocupaba porque había proyecciones que aseguraban que el ojo del huracán, ya degradado a categoría 1, pasaría cerca de nuestra comunidad. No fue así y a la mera hora quedamos un poco hacia el norte de la trayectoria y estuvimos a salvo. 

Es fascinante entender los fenómenos meteorológicos, no solo los huracanes sino las simples lluvias, y comprender el origen de las cosas. Si los sueños se hicieran realidad, en  una vida futura me gustaría ser un caza huracanes, caza tornados y perseguidor de tormentas.

Sería maravilloso volar por encima del ojo del huracán, entender el fenómeno, observarlo, admirarlo y echar un vistazo imaginario a cómo los primeros habitantes indígenas de la Florida se enfrentaron a los violentos vientos y a las torrenciales lluvias. 

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