He sido una persona a la que le encanta comer. Si se trata de vegetales salteados, sopas de pollo o vaca, lo mismo que carne de cerdo la puedo comer sin problemas. Por mucho tiempo he evitado la comida chatarra pero, también puedo disfrutar de una buena hamburguesa, si es de Burger King, qué mejor, así como disfruto por igual las pizzas, siendo la margarita una de mis favoritas. Puedo comer prácticamente de todo; no hay una comida que en realidad me desagrade. Ahora bien, si no hay una comida que me desagrade, ¿cuál es esa comida que disfruto más que otras? Sin duda alguna la carne asada, sobre todo la carne de res, aunque también me encanta el pollo asado y el cerdo. 

La picaña sazonada únicamente con sal es una bendición, la gozadera pura. Puedo comerla con salsa de tomate bien picosa o en tacos acompañados con pico de gallo y guacamole. Además, amo cocinarla, darle el punto que a mi me gusta y disfrutarla. 

Otra de mis comidas favoritas es el huevo. Para mi son especiales en el desayuno, y casi siempre los prefiero orgánicos de libre pastoreo y únicamente fritos con poca sal. Puedo comerme cinco cada mañana y no me aburren. 

El pollo lo disfruto más en la sopa, con mucha hierbabuena y vegetales. Amo ese sabor casero, ranchero. 

Por alguna razón me he acostumbrado a comer tres veces al día. Desayuno, comida y cena. ¿Y qué pasa si no hago las tres comidas o las hago fuera de la hora habitual? Recuerdo que hace más o menos 20 años, cuando era estudiante de la universidad, si no desayunaba a más tardar a las 8 de la mañana, eso me predisponía a tener un dolor inmenso de cabeza por el resto del día, a veces ese dolor me aturdía por cerca de dos días. Y cuando por fin pasaba, quedaba algo aturdido. Ese problema nunca lo tuve al saltarme la comida del mediodía o la cena. Aunque si por alguna razón no hacia la segunda comida, mi humor se tornaba un poco molesto. 

Ahora me he dado cuenta que el problema de saltarme el desayuno prevalece. A veces me despierto a las 5 de la mañana y ya tengo hambre pero no desayuno sino hasta las 6:30 de la mañana, una vez que llego al trabajo. Si no como, eso me hace germinar la semilla de la ansiedad y desesperación en mi. Tarda en desarrollarse pero puedo sentir la incomodidad durante todo el día. Lo mismo pasa si no como bien al mediodía. Y no comprendo por qué. 

Hace algunos días estaba en el parque cerca de las 9 de la mañana. Fui a pedalear temprano. Solamente desayuné un sándwich de aguacate y queso manchego. Me dije para mis adentros que eso sería suficiente para un paseo en bicicleta de aproximadamente una hora. Planeé regresar a casa y cocinarme un par de huevos para quedar satisfecho. 

Cuando estaba tomando unas fotografías a las nubes de la mañana, sentí esa aparición repentina de la incomodidad en mi pecho. Una molestia indescriptible, algo raro, un aviso de episodio. Imaginé que se debía a que no había desayunado adecuadamente. Decidí regresar a casa y cociné los huevos planeados. Después retomé las actividades planeadas para aquella mañana. Después del mediodía salí a vender unas hojas de triplay que las ofrecí por Marketplace y dos personas se interesaron. Acudí al lugar donde las almacenaba y esperé. Esperé más de lo debido y mi cuerpo ya tenia hambre. Vine a casa rápido y comí atún pero como he dicho anteriormente, la incomodidad ya la traía en mi. 

Seguí con mis actividades después de comer. Eran más de las dos de la tarde. 

Cené después de las 6 pero ya no estaba bien, me sentía incómodo, inquieto y con una ligera desesperación. Más tarde floreció el episodio de la ansiedad. Una incomodidad difícil de soportar, desesperación y confusión. Tomé té de pasiflora, hice ejercicios de respiración y luego de casi una hora pasó. No pude dormir bien y al día siguiente tenía un ligero dolor en el pecho y en el estómago una sensación de vacío. Al amanecer no tenía buenos ánimos pero me motivé y cuando me duché pude cantar algo desafinado pero canté.  

Avatar de Rogelio Rincón

Publicado por

Categories:

Deja un comentario