Recientemente he tenido problemas relacionados con manejar. El 21 de mayo tuve un episodio aún incomprensible para mi sobre la carretera estatal sur 33, aquí en Florida. Manejando a 60 millas por hora comencé a sentir un hormigueo en las manos, en los pies y algo parecido a un desmayo. Regresaba del trabajo. Llamé a emergencias y después de un par de horas en el hospital, me terminaron diciendo que estaba deshidratado y me diagnosticaron como hipertenso.

Asustado y sin comprender la situación, inicié con el tratamiento. Sin embargo, casi dos semanas después, una mañana que me disponía a cortarme el cabello, volví a sentir el mismo episodio: temor, nerviosismo, incomprensión y hormigueo en las manos y los pies. Fui rápidamente a casa, me relajé y por la tarde ya estaba bien. Días después, cuando ya estaba trabajando en Nueva Jersey, volví a tener esa incomoda sensación de pánico un par de veces sin que le tomara relevancia, debido a que me imaginé que se trataba de los efectos secundarios de la pastilla para la tensión.
No volví a sentir nada parecido a lo del 21 de mayo hasta el viernes 27 de septiembre cuando regresaba del trabajo. Eran casi las 5 de la tarde, hacía calor y estaba un poco hambriento. Cuando esperaba el cambio de la luz del semáforo entre Berkeley Rd y SR 92, volví a sentir casi el mismo episodio de mayo. Comenzó con una desesperación potente porque había muchos carros por delante de mi, no avanzaban y la luz roja tardaba demasiado. Sentí ganas de abrir la puerta de mi camioneta y salir corriendo. Al mismo tiempo sentí miedo y tuve ganas de cruzar la calle en luz roja (en la segunda sesión del semáforo pude quedar hasta adelante en aquella interminable fila de vehículos) También me sentí confundido y en cuanto la luz cambió a verde, crucé inmediatamente y me estacioné en el estacionamiento de Race Track. Allí entré al baño, me mojé la cara y compré un sándwich y un Gatorade. Regresé a mi camioneta y comencé a comer desesperadamente mientras me comenzaban a temblar las manos. Luego me tomé una aspirina y en seguida la pastilla para la presión y una píldora de potasio. Me tranquilicé luego de unos minutos pero decidí esperar un poco más y volví al baño a refrescarme nuevamente la cara.
Me marché de la gasolinera. Llegué a casa antes que mi mujer y luego que ella llegó la invité a salir a cenar.
Cené con pocos ánimos pero ya me sentía mucho mejor. Solo estaba débil. En los días subsecuentes, persistió la debilidad.
El 3 de octubre por la tarde tuve nuevamente estrés de tráfico, me estacioné en el estacionamiento de Walmart y se me pasó. No tuvo la misma intensidad que los dos episodios anteriores.
Al día siguiente, o sea el 4 de octubre tuve un episodio más pero ahora por la mañana, camino al trabajo. Este episodio sí fue debido a una luz roja que no cambiaba y la fila de vehículos delante de mi era enorme. Escapé hacia la derecha, cuando yo esperaba cruzar hacía la izquierda. El escape me resultó en un alivio pero me determinó a sentirme mal por el resto del día. Incomodidad, desesperación, y un poco de pánico ligado a sentimiento incomprensible de tristeza y llanto. Ya muy tarde mi ánimo mejoró bastante, cené delicioso e incluso bebí un par de cervezas.
El episodio volvió el 7 de octubre por la tarde cuando iba a Lowes en busca de una pieza para reparar mi bomba de agua. Eran más de las 4 de la tarde y el tráfico era espantoso. La luz verde se encendió pero no avancé mucho en la fila sino hasta la segunda sesión y quedé a un vehículo de estar al frente de todos aquellos que posiblemente al igual que yo esperaban desesperados cruzar. Lo interesante en este episodio es que comencé a hablar para mis adentros que tenía que conservar la calma, traté de relajarme tomando agua e insistí en convencerme que el mundo no es como yo quiero que sea, que la luz no se va a poner en verde nomás porque yo lo deseo, que no tenía prisa, etc. Lo logré. Pude vencer el episodio, lo minimicé y entré a la tienda un poco aturdido pero no paniqueado. Regresé a casa un poco más rápido viniendo por otra ruta y aunque tuve que esperar mucho tiempo en otros dos semáforos en rojo, no me desesperé. Seguí convenciéndome de que el mundo no es a mi deseo y voluntad.
Los semáforos no van a cambiar el color de la luz cuando yo me esté acercando, el tránsito vehicular no irá más rápido solo porque yo lo quiero. La gente no dejará de hacer ruido mientras come. El universo no gira alrededor de mi, yo no soy el centro de mi universo, simplemente soy un protagonista secundario que no es responsable de nada mas de que sus propias acciones y decisiones. Yo no puedo controlar lo que pasa a mi alrededor y las cosas son como son. A eso debo de hacerle frente, sin desesperación y con mucha valentía.
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